Mercado de San Ildefonso

El Mercado de San Ildefonso fue un mercado de abastos de Madrid situado en la que luego sería plazuela de San Ildefonso, dentro del chispero barrio de Maravillas. Fue uno de los primeros edificios de este género en desaparecer tras permanecer activo más de un siglo, desde 1835 hasta 1970. La zona fue desde comienzos del siglo XVIII un mercado callejero de venta de frutas, verduras y pescado, que se extendía por las Correderas Alta y Baja, y cuya falta de higiene acabó obligando al Ayuntamiento a encargar en 1835 al arquitecto Lucio Olavieta la construcción del que sería el primer mercado cubierto de Madrid. En 1885, con la aparición de brotes de cólera en España se produjeron revueltas en la zona tras la aparición de carros desinfectantes cargados de sal y azufre. Hoy reconstruido y modernizado presume de ser el Primer Street Food Market de España, un novedoso concepto de ocio, disfrute y socialización en torno a la gastronomía, al estilo de los que pueden encontrarse en Londres, Nueva York, Singapur o Bangkok y que ha sido diseñado como una auténtica prolongación de la bulliciosa y cosmopolita calle Fuencarral en que se ubica: con adoquines que recuerdan a los de las vía peatonales en sus suelos y absolutamente abierto al exterior a través de grandes ventanales abatibles, pero -como el mercado histórico al que debe su nombre- con un techo que cubre todo.

Recuerdos de la Via de la Plata en el Valle de Ambroz

Recuerdos de la Via de la Plata en el Valle de Ambroz
El puente de hierro situado sobre el río Ambroz y abandonado desde 1985 por falta de recursos, era la vía de entrada y salida de frutas y castañas, desde Plasencia hasta Astorga; la otrora “Via de la plata” que hoy en día solo ofrece railes, traviesas y el balasto poco a poco engullidos por la maleza y que nos regala una de las estampas más hermosas de Hervás y que nos transporta a otros tiempos.

Embejecido y triste, el navio llora sogas de mar…

Embejecido y triste, el navio llora sogas de mar...
Hay pocas cosas que me hagan tan feliz como pasear por cualquier puerto de mar del mundo pausadamente con mi camara al hombro y observar, que no mirar las costas, los barcos, los marineros, las olas, ver como interacionan unos con otros y terminan formando en mi mente otra poesía, la que se escribe con mi camara y que solo nuestros ojos y la suficiente imaginación son capaces de VER…